Caminaba rumbo a la plaza central en una tarde noche de octubre, y lo hacía por la avenida más concurrida de la ciudad. La luna se erguía por sobre los edificios, rascacielos y monumentos; toda blanca, toda conejo, toda queso.
La congestión de gente me aturdía tanto que tuve ganas de correr, de huir… pero para mi desgracia todos ellos iban en la misma dirección que yo. Trate de evadir el mar de gente, de rostros y rodee por Urbina hasta llegar a Velazco y ahí me vi más solo y camine a paso normal.
Aunque había caminado una distancia mayor, estaba ya tranquilo caminando por la Gran Plaza Central con olor a café, a té y a tabaco. Un ambiente adecuado para la tarde lunar majestuosa.
Mientras me embriagaba con los aromas, seguí dando pasos escuchando la musiquita de los cafés a lo lejos. Y cuando avanzaba observe una hilera de artefactos oblicuos en 120º, estos objetos eran ajenos al ambiente clásico de la plaza y destacaban por su extraña forma: de los arboles, los viejos cilindreros y los vendedores ambulantes.
Por esas fechas se aparecían en las plazas y parques; eran telescopios. Y precisamente hoy estaban repletos, las grandes filas de personas esperaban su turno para observar. Yo estuve a punto de viciarme igual que los otros, pero no lo hice, decidí contemplar aquello sentado desde una piedra que estaba bajo los portales de un edificio colonial, ese que ahora es una zapatería.
De pronto un niño que iba de la mano de su padre, quien miraba y prolongaba su vista hasta la luna, eso creo. Intentó tocar el telescopio de dos o tres mil pesos y sin siquiera hacerlo el trípode se cayó haciendo q todos a su alrededor desviaran su atención.
Había roto una serie de lentes y los fragmentos del cristal circundaban al niño; me alegre y aunque el niño inicialmente se asusto, después me miro con cara de demonio. El tripie no cayó por casualidad en realidad fue una respuesta.
La gente se atiborraba en los telescopios por morbo, si por lujuria porque en esa ya noche de octubre; la luna toda enorme se fundiría y entregaría su resplandor blanco al sol. Así es danzarían juntos por un rato y pasado el acto de pasión, la gente aplaudirá y entregará una moneda al del telescopio.
Que asco, por eso yo decidí mirar desde la roca el aro de luz del eclipse total de las 8:37, es por eso que la respuesta rompió el objeto. ¿Qué repuesta? No lo sé, pero sé que fue por la inmundicia de los corrompidos que hiere profundo en la intimidad de los colosos siderales.
Me levante luego de reflexionar un poco y me retire de vuelta a casa, observando la plaza en que aplaudía el morbo. Y conforme me retiraba, me alcanzaban desde atrás los aromas que vorazmente absorbían a los de tabaco, té y café, eran de podredumbre.
La congestión de gente me aturdía tanto que tuve ganas de correr, de huir… pero para mi desgracia todos ellos iban en la misma dirección que yo. Trate de evadir el mar de gente, de rostros y rodee por Urbina hasta llegar a Velazco y ahí me vi más solo y camine a paso normal.
Aunque había caminado una distancia mayor, estaba ya tranquilo caminando por la Gran Plaza Central con olor a café, a té y a tabaco. Un ambiente adecuado para la tarde lunar majestuosa.
Mientras me embriagaba con los aromas, seguí dando pasos escuchando la musiquita de los cafés a lo lejos. Y cuando avanzaba observe una hilera de artefactos oblicuos en 120º, estos objetos eran ajenos al ambiente clásico de la plaza y destacaban por su extraña forma: de los arboles, los viejos cilindreros y los vendedores ambulantes.
Por esas fechas se aparecían en las plazas y parques; eran telescopios. Y precisamente hoy estaban repletos, las grandes filas de personas esperaban su turno para observar. Yo estuve a punto de viciarme igual que los otros, pero no lo hice, decidí contemplar aquello sentado desde una piedra que estaba bajo los portales de un edificio colonial, ese que ahora es una zapatería.
De pronto un niño que iba de la mano de su padre, quien miraba y prolongaba su vista hasta la luna, eso creo. Intentó tocar el telescopio de dos o tres mil pesos y sin siquiera hacerlo el trípode se cayó haciendo q todos a su alrededor desviaran su atención.
Había roto una serie de lentes y los fragmentos del cristal circundaban al niño; me alegre y aunque el niño inicialmente se asusto, después me miro con cara de demonio. El tripie no cayó por casualidad en realidad fue una respuesta.
La gente se atiborraba en los telescopios por morbo, si por lujuria porque en esa ya noche de octubre; la luna toda enorme se fundiría y entregaría su resplandor blanco al sol. Así es danzarían juntos por un rato y pasado el acto de pasión, la gente aplaudirá y entregará una moneda al del telescopio.
Que asco, por eso yo decidí mirar desde la roca el aro de luz del eclipse total de las 8:37, es por eso que la respuesta rompió el objeto. ¿Qué repuesta? No lo sé, pero sé que fue por la inmundicia de los corrompidos que hiere profundo en la intimidad de los colosos siderales.
Me levante luego de reflexionar un poco y me retire de vuelta a casa, observando la plaza en que aplaudía el morbo. Y conforme me retiraba, me alcanzaban desde atrás los aromas que vorazmente absorbían a los de tabaco, té y café, eran de podredumbre.